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BOLETÍN

N° 4

CLASIFICACIÓN

PADRES Y DOCENTES

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Smart Toys,
¿Qué son, cómo funcionan y cuáles son los riesgos de tenerlos en casa?

En los últimos tiempos nos hemos acostumbrado a escuchar la palabra “Smart” (inteligente en inglés) aplicada a una gran variedad de objetos: TVs, celulares, aires acondicionados, etc. Como te hemos contado en boletines y notas anteriores, dicho término indica que los objetos que se ubican bajo esta categoría funcionan por medio de Internet, se conectan a la red y desarrollan muchas de sus funciones a través de ella (IoT).

En ese sentido y siguiendo esta tendencia que llegó para quedarse, ahora les tocó el turno a los juguetes: así es, llegaron los “Smart toys”. Hace tiempo se encuentran circulando en el mercado y ya han llegado a la Argentina. Algunos ejemplos que podemos encontrar en las jugueterías son las muñecas Barbie Hello y Cayla y el robot iQue.


¿Qué hacen exactamente estos juguetes? ¿Cómo funcionan?


Los juguetes inteligentes requieren, para su funcionamiento, estar conectados a una Tablet o a un Smartphone y ofrecen la posibilidad a los niños de entablar con ellos una conversación acerca de cualquier tema. Algunos pueden responder preguntas, contar cuentos, jugar a diferentes juegos -como el “ta-te-tí”, por ejemplo- e, incluso, hacerles preguntas a los niños.

Estos juguetes disponen de webcams, micrófonos y sistemas de reconocimiento de voz que les permiten -por medio de la aplicación que se instala en la Tablet o el Smartphone- interactuar con los chicos de la forma en que lo hacen y, además, tienen la posibilidad de grabar las conversaciones que tienen con los niños, almacenar datos y sus imágenes, por lo cual se tornan altamente riesgosos.


A la hora de elegir un juguete para regalárselo a un niño, es fundamental tener presente en todo momento qué se pretende transmitir a través del mismo. Recordemos que el principal objetivo de incentivar el juego en los niños es brindarles herramientas concretas que le sirvan en su vida cotidiana.


Tal como lo explicaba el Lic. Gustavo Linares -Director General de BA-CSIRT- en una entrevista para el diario Perfil, “estos nuevos juguetes son invasivos y bastante vulnerables desde el punto de vista informático, por lo que hay que tener mucho cuidado con los micrófonos y cámaras que transmiten información por Internet”, advirtiendo que, a diferencia de lo que ocurre con las webcams o micrófonos de una notebook, los ojos y oídos de estos juguetes no se pueden tapar. Y agrega que, por otra parte, “aunque en el instructivo del dispositivo se diga que se respeta la privacidad o que no graban las conversaciones de los chicos, los términos de uso pueden cambiar con el tiempo. Y son pocos los que leen la letra chica”.[1]

Como se ve, hay sobrados motivos para pensarlo dos veces antes de comprar un Smart toy. Las empresas que los fabrican y proveen los softwares (programas) con los que estos juguetes funcionan, han sido denunciadas por múltiples organizaciones de defensa de los derechos de los niños y seguridad de la información de diferentes partes del mundo, principalmente por poner en riesgo la privacidad y seguridad de los chicos; concretamente, por grabar conversaciones, almacenar la información de forma injustificada y dirigir marketing hacia los niños en relación a determinados productos.


Si bien las empresas denunciadas rechazan las acusaciones y sostienen que los juguetes “cumplen con los estándares de seguridad”, la polémica continúa y reaviva, además, el debate acerca de a partir de qué edad es conveniente que los chicos accedan a las diferentes tecnologías.

En relación a los juguetes inteligentes, la Dra. Roxana Morduchowicz -especialista en cultura juvenil- comenta, también para el diario Perfil, que “según la edad de los pequeños, puede pasar que no se den cuenta de que su muñeco está interactuando a través de Internet. Además, el concepto de privacidad de los chicos es muy diferente del de los padres. Y los menores pueden no saber medir su alcance y, charlando en forma casual, dar información por demás”.[2] Y recomienda, considerando las tecnologías en general, seguir la regla “0-3-6-9-12” que establece: ningún dispositivo hasta los tres años, momento en que se incorpora la televisión. Luego, a partir de los seis, permitir el uso de computadoras o Tablets para jugar, sin acceso a Internet. Recién a los nueve, darles la posibilidad de utilizar Internet, pero bajo la supervisión de algún adulto. Y, posteriormente, habiendo ya cumplido los doce años, permitirles el uso del celular.


Como todo dispositivo con tecnología IoT, los smart toys no están exentos de presentar vulnerabilidades de seguridad.


En tal sentido, desde BA-CSIRT nos sumamos a los dichos de Darío Mermelstein -presidente de la Asociación Argentina de Empresas de Juguetes y Afines- en los que expresa que “el adulto debe detenerse a pensar en la función educativa y los estímulos lúdicos que los juguetes tradicionales aportan a los más chicos, algo que, muchas veces, la tecnología no reemplaza en forma adecuada”. [3] Y recomendamos a los ciudadanos tomar conciencia, a la hora de brindar acceso a los niños a las diferentes tecnologías, de la responsabilidad que ello implica y de los riesgos a los que estos pueden quedar expuestos innecesariamente.



[1] http://www.perfil.com/ciencia/polemica-por-los-juguetes-que-se-conectan-a-internet-los-acusan-de-espiar-a-los-chicos.phtml

[2] Ib.

[3] Ib.

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