• +54 (011) 4323-9362

  • de Lun a Vie de 9 a 17 hs

  • ciberseguridad@ba-csirt.gob.ar

  • 13 nov
    Prohibiciones y fronteras en el mundo digital

    El sociólogo francés Frédéric Martel, autor del libro "Smart", habló con Infobae sobre las webs alternativas en China o Irán. Un análisis de la censura y la contracensura. A su vez, cuenta acerca de la manifestación de las identidades nacionales y la diversidad cultural. A continuación, compartimos los mejores fragmentos de la entrevista.

    Hoy en día, teniendo en cuenta la evolución del sistema global, ya nada es igual que algunos pocos años atrás en ningún aspecto, tanto en lo económico, como en lo social y político. En lo que refiere a la internet, no hay una sola sino muchas. Concretamente, el francés Frédéric Martel se encarga de explorar esas singularidades en su libro Smart.

    De visita por la Argentina, Martel conversó con Infobae de esos mundos digitales que descubrió y vivió en primera persona. Lo primero que aclara durante la entrevista, es que lo suyo es trabajo de campo. "Se puede hacer una investigación desde tu casa, con la computadora, pero yo no hago eso; voy hasta los lugares, entrevisto personas, veo lo que ocurre en cada sitio", señala el periodista, sociólogo e investigador.

    - En el marco de la investigación que hizo para Smart, ¿cuáles fueron las restricciones en la web que más le llamaron la atención?

    - Hay muchas restricciones, a veces censura o más. Por ejemplo, sitios como Facebook, Google o YouTube están totalmente prohibidos en China. En Irán, por ejemplo, cuando viajé, usé Google que no estaba prohibido en ese momento, y hay censura cuando se escriben determinadas palabras. Recuerdo que al tipear sexo, sexualidad u homosexualidad era redirigido a una página donde se me preguntaba si quería comprar el Corán. Esa es una gran forma de censura. Hay lugares como Cuba, donde un website puede ser censurado, o en China si se usan determinadas palabras se pierde o se le da de baja la cuenta de Twitter.

    - Usted da a entender en el libro que esas restricciones sirvieron a algunas economías, como en el caso de China, para generar sus propios negocios. ¿Se puede decir entonces que, en algún punto, las limitaciones o censuras tuvieron un impacto positivo?

    - No creo que la censura sea buena nunca, de ningún modo. Al mismo tiempo, es cierto que en China construyeron un ecosistema nacional, su propia internet. De hecho, es el único lugar en el mundo donde no se usa Google sino Baidu; no se usa Amazon sino Alibaba; no se usa Twitter sino Weibo; estás en Renren en vez de estar en Facebook, entonces es censura. Y más que nada también hay un enfoque nacionalista de internet y construyeron sus propias plataformas no sólo por cuestiones políticas sino también por motivos económicos.

    - ¿Entonces cuál es el balance?

    - Creo profundamente en la libertad de expresión y también creo que los países pueden construir su propia infraestructura de internet. Pienso que tenemos que corregir los abusos de poder o la posición dominante, como la de Google, Facebook o Apple. En ese sentido es bueno, se crean alternativas. Aquí en Argentina he visitado a la gente de Taringa, por ejemplo y a gente muy influyente en la nube como Globant, Mercado Libre, OLX o Despegar. Todas estas son estructuras o websites que están orientados a la Argentina y creo que es bueno tener productos nacionales; como el caso de Spotify en Europa, u otros sitios que son muy europeos pero creo que las restricciones se tienen que dar en el mercado económico y no con bloqueo, censura o prohibiendo la comunicación.

    - ¿Hay una cultura o muchas culturas en Internet?

    -Creo que vivimos en un mundo que es más homogéneo, con cultura global y contenido global. Y en parte eso es bueno, pero eso es sólo parte de la cuestión. También tenemos más diversidad, más productores de contenido y al final el mundo no es todo igual. El mundo tiene límites, fronteras y estas fronteras de contenido dependen de tu idioma, el idioma que hablás, el lugar donde estás, la cultura o comunidad de la que sos parte y por eso la gente no se comunica y no comparte el mismo contenido aquí, en Buenos Aires, que en París, Tokio o México. Internet todavía es bastante geolocalizada, territorial y mucho del contenido depende del lugar, el idioma y la gente.

    - A pesar de la diversidad, ¿hay un relato generalizado? ¿Un mismo punto de vista que se impone sobre otros?

    - Es un tema complejo, pero creo que comparado con, por ejemplo, las dictaduras como la que hubo acá durante el Proceso, ahora hay más diversidad. En esa época se tenía un sólo lado de la información, ahora puede haber propaganda, falsas noticias, pero también hay muchas otras maneras de obtener información, otros puntos de vista, entonces no es perfecto. Hay mucho problema con la privacidad, los filtros, las noticias falsas, el control de datos, pero también tenemos la opción de pelear contra eso.

    - ¿Cuáles son esas opciones?

    - La diversidad, la multiplicidad de productores de contenidos. Ahora no hay sólo tres o cuatro diarios, ahora todo el mundo es un medio en sí mismo con Facebook, Twitter, Instagram. Claro que no es perfecto y también Internet es territorio de noticias falsas, de bullying y de otras cosas nocivas, pero soy optimista con el futuro de la web. Vamos a construir las herramientas necesarias para corregir los errores. La web no es buena ni mala en sí misma, sino que depende de lo que nosotros hagamos con ella.

    En el marco de la investigación para su libro, Martel también visitó Mleeta en el sur del Líbano, "una máquina de propaganda de Hezbolá", tal como lo describe en Smart. Eso le fue de gran ayuda para ver cómo se gestionan las plataformas web, los blogs y las páginas de apoyo a esta organización. Por otro lado, cuenta que hay espacio para otros medios digitales, como Now, que se declara independiente y a favor de un Líbano laico. O el sitio MTV, un portal con talk-shows y entretenimientos. "MTV es a la vez cristiana y muy anti Hezbolá", remarca Martel.

    En su itinerario por Irán, el autor experimentó la censura en la web de las formas más insólitas. Cuenta, por ejemplo, que si tipeaba alguna palabra que se relacione de alguna manera, al sexo o la sexualidad, se omitía automáticamente. Esa censura que por momentos parece insólita, también puede ser peligrosa. El autor habla acerca de la "caza de blogueros" disidentes y de las persecuciones de activistas y periodistas. A pesar de los riegos, hay un lado B que tiene que ver con el desafío a esas limitaciones. "El Gobierno filtra y todo el mundo desfiltra", le cuenta un bloguero iraní al autor, según explica en Smart.

    Smart es una exhaustiva investigación de Martel, sobre relatos en la web, la censura y la heterogeneidad cultural que habita en la web. Es una mirada aguda sobre la revolución digital en las economías emergentes, lo que lo llevó a recorrer varios destinos. Entonces, podemos decir que se trata de un libro que hace hincapié en mirar cada aspecto de otra manera, en que el mundo digital es menos homogéneo de lo que se cree y en descubrir territorios menos explorados.

    Referencia:

    www.infobae.com/america/cultura-america/2017/11/12/las-otras-internets-secretos-prohibiciones-y-fronteras-en-el-mundo-digital/